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Beneficios del consumo de frutas y verduras en la edad avanzada.
Autor: Dr. Fernando Granado Lorencio
Fecha: 2001-09-01 00:00:00.0
Procedencia: Unidad de Vitaminas. Clínica Puerta de Hierro. Madrid
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El envejecimiento es un proceso biológico, inevitable, que conlleva cambios tanto en la composición corporal como en la fisiología (ej. hormonas) del organismo y que, comúnmente, se asocia con la disminución de determinadas facultades del individuo, aunque el grado de disfunción varía ampliamente. Por ejemplo, a partir de determinada edad, se produce una disminución de la masa muscular corporal (y una acumulación de grasa) que se traduce en una disminución de las necesidades energéticas diarias del organismo. Este hecho puede explicar por qué comiendo lo mismo que años atrás (ingreso energético) e incluso “haciendo” lo mismo (gasto energético) podemos aumentar de peso. Una de las posibles consecuencias a la larga es la obesidad, considerada factor de riesgo para el desarrollo de determinadas enfermedades asociadas a la edad (ej. diabetes mellitus tipo 2). Asimismo, conforme envejecemos existen otros cambios, tanto biológicos como sociales, que van desde la pérdida de piezas dentales y disminución del sentido del gusto hasta la malabsorción y el estreñimiento crónico (unido a la falta de ejercicio), además de que muchos medicamentos de amplio uso en estas personas provocan una menor absorción de determinados nutrientes, especialmente vitaminas y minerales. Estos y otros factores (ej. económicos, aislamiento social, depresión) determinan preferencias de consumo alimentos, y por tanto que la dieta sea o no variada, y consecuentemente el aporte o no de los nutrientes necesarios (ej. vitaminas, minerales) y en las cantidades adecuadas.

Dentro del amplio espectro de alimentos disponibles en nuestro país, las frutas y verduras constituyen sin duda un recurso de gran valor en la alimentación de personas de edad avanzada. Son alimentos habituales en nuestra dieta, y algo quizás más importante en algunos casos, es que económicamente son bastante accesibles. Asimismo, la variedad de frutas y verduras, en el color, textura, olor y sabor, la capacidad de ser mezcladas, así como su estacionalidad en muchos casos, contribuyen a reducir la monotonía de la comida diaria. Otra ventaja es la versatilidad en sus formas de preparación, desde el simple hervor o plancha, pasando por las ensaladas, menestras y macedonias, hasta la preparación de zumos, purés y papillas, idóneos para personas mayores con problemas dentales.

Desde el punto de vista nutricional, el consumo de frutas y verduras en personas de edad avanzada conlleva otros beneficios paralelos. Son alimentos que aportan pocas calorías y gran cantidad de agua, lo que junto con su capacidad de producir saciedad contribuye a controlar la ingesta calórica y a la hidratación en estas personas, a menudo con la sensación de sed disminuida. Constituyen la principal fuente de fibra en la dieta mejorando el tránsito intestinal y, junto con el consumo de agua y el ejercicio moderado, problemas de estreñimiento. Además, la fibra en la dieta enlentece la absorción de azúcares simples (ej. glucosa), aspecto beneficioso para personas con diabetes mellitus, y disminuye la absorción de colesterol (cuando se ingieren de forma conjunta alimentos vegetales y alimentos ricos en colesterol). Por último, son consideradas una importantísima fuente de vitaminas y minerales y de otros fitoquímicos (carotenoides, bioflavonoides, fitosteroles,...) con potenciales efectos beneficiosos sobre la salud.

Finalmente, una dieta generosa en frutas y verduras es recomendada por todos los Organismos y Asociaciones relacionadas con la Salud. Aunque el objetivo final de estas recomendaciones varía según los organismos (disminuir el riesgo cardiovascular y de ciertos tipos de cáncer, contribuir a mantener un peso deseable,....), los potenciales beneficios que se derivan de su cumplimento no son excluyentes. En personas de edad avanzada, también es especialmente importante conseguir y mantener un estado nutricional adecuado debido, entre otras cosas, a su repercusión sobre el sistema inmunológico y la susceptibilidad frente a infecciones y otras patologías en estas edades. Sin duda, un consumo elevado de frutas y verduras ayudara a conseguir estos objetivos