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¿Y de postre? ....¡Fruta!
Autor: Dra. Begoña Olmedilla y Fernando Granado
Fecha: 2002-03-07 00:00:00.0
Procedencia: Unidad de Vitaminas. Clínica Puerta de Hierro. Madrid
Medio:

Aunque el término “dieta Mediterránea” es impreciso, el núcleo de la llamada “buena dieta Mediterránea” es ser principalmente vegetariana y difiere de aquella de los americanos y del norte de Europa en que es mucho más baja en carne y lácteos y utiliza fruta como postre. Hoy día, no se piensa que un único nutriente pueda proteger frente a la enfermedad, sino que la dieta debe considerarse globalmente, en términos no sólo de grupos de alimentos sino como variedad y formas de preparación. Así, a la hora de evaluar la relación entre dieta y salud, tan importante es considerar lo que se come como lo que se deja de comer.

Una dieta variada, que incluya todos los grupos de alimentos, es uniformemente recomendada para asegurar el aporte de todos los nutrientes y, especialmente, el consumo de frutas y hortalizas como medio para asegurar una ingesta adecuada de vitaminas y minerales. Las frutas (y hortalizas) constituyen una fuente excepcional de la mayoría de las vitaminas, minerales y otros compuestos potencialmente beneficiosos para la salud (fitoquímicos), a la vez que proporcionan fibra y carbohidratos complejos, con pocas calorías y grasa saturada. Las frutas (y hortalizas) cumplen el doble objetivo nutricional al presentar en su composición lo que “hay” que tomar y poco de lo que “no hay“ que abusar, razón por la cual su consumo, a diferencia de otros grupos de alimentos, es ampliamente recomendado por todos los organismos y asociaciones científicas en la prevención de enfermedades crónicas y degenerativas.

Actualmente, nuestro modelo de dieta Mediterránea sufre una occidentalización con cambios sustanciales como el progresivo abandono de la fruta como postre en nuestras comidas y su sustitución por derivados lácteos. Estos cambios tienen, si cabe, mayor relevancia cuando se dan en determinados grupos de población con mayor demanda de nutrientes (crecimiento) y más vulnerables frente a ingestas inadecuadas. El consumo de postres lácteos en lugar de fruta en los niños es cada vez más habitual y obedece a causas como el cambio de hábitos dietéticos en la población general, la comodidad de los padres para dar un postre ya preparado (la fruta hay que pelarla, partirla, animarles a que la coman y tener paciencia!), la gran variedad y oferta de productos y su aceptación por los niños, determinada en buena parte por la publicidad y mercadotecnia acompañante (regalan cromos, etiquetas Pokémon, etc).

Aunque la ingesta de lácteos es indispensable, su consumo y el de frutas no es excluyente sino complementario. Ambos grupos de alimentos no son nutricionalmente equivalentes ni intercambiables y , por tanto, no debe sustituirse el consumo de uno (fruta) por otro (postre lácteo). La inclusión de trozos de frutas en productos lácteos es tecnológicamente posible y comercialmente un hecho aunque, nutricionalmente, no se puede considerar como alternativa válida al consumo de frutas dado que la cantidad incorporada al producto lácteo (por ración) es sustancialmente menor a la correspondiente ración de fruta, lo que supone un aporte significativamente menor de los nutrientes contenidos en las frutas. Asimismo, los procesos tecnológicos, aunque sean mínimos, a que se someten tanto las frutas a incorporar como el producto lácteo, pueden conllevar pérdidas o cambios en compuestos con actividad biológica de las frutas. Nótese que el consumo de frutas (frescas) no implica pérdida puesto que no hay procesamiento intermedio sino su ingesta directa. Por último, tampoco sería recomendable compensar el menor contenido de frutas incorporadas a los lácteos aumentando el número de raciones dado que implicaría de forma paralela un aumento de ingesta de otros componentes del producto (p.e. calorías, grasa saturada).

Tradicionalmente, las frutas se han consumido como postre siendo una de las características de nuestra “dieta Mediterránea”. El abandono de éste hábito y la sustitución por otro tipo de postres, nutricionalmente distintos y no equivalentes, desplazaría el consumo de frutas al desayuno y/o merienda, comidas muchas veces rápidas, frugales, incompletas y no siempre realizadas, especialmente por los niños, a la vez que compromete la variedad de la dieta y el aporte adecuado de todos los nutrientes.