Noticias

Articulos

Dieta mediterránea o suplementos con micronutrientes.
Autor: Dra. Begoña Olmedilla y Fernando Granado
Fecha: 2002-01-15 00:00:00.0
Procedencia: Unidad de Vitaminas. Clínica Puerta de Hierro. Madrid
Medio:

La dieta Mediterránea constituye una tradición centenaria que contribuye a una salud excelente, proporciona una sensación placentera y de bienestar y supone una parte vital de la herencia cultural del mundo. Este patrón dietético, junto con otros factores y estilo de vida asociados, parecen contribuir a la baja incidencia de enfermedades cardiovasculares y elevada esperanza de vida en adultos del sur de Europa, por lo que se ha propuesto como modelo de dieta saludable. El núcleo de la llamada “buena dieta Mediterránea” es la gran cantidad de alimentos de origen vegetal; difiere de la americana y del norte de Europa en que contiene menor cantidad de carne y lácteos y más cantidad de fruta y hortalizas, además de la utilización del aceite de oliva y un consumo moderado de vino. Sin embargo, debemos resaltar que el término “dieta Mediterránea” es impreciso dado que los patrones dietéticos de los países Mediterráneos varían ampliamente en el consumo de alimentos específicos y, por tanto, en la ingesta de nutrientes.

Las observaciones sobre la relación dieta y salud tienen una muy larga historia. Un grupo de alimentos característicos de la dieta mediterránea y sobre los que hay gran número de estudios, son los alimentos de origen vegetal, los cuales contienen diversos micronutrientes (vitaminas, minerales y otros fitoquímicos) identificados como los posibles responsables de los beneficios que su ingesta provoca en nuestra salud, así como de disminuir el riesgo de aparición y /o desarrollo de diversas enfermedades crónicas o degenerativas. Entre los componentes de los alimentos de la dieta Mediterránea, la cantidad y tipo de grasa fue uno de los factores considerados determinantes de la baja mortalidad por enfermedad cardiovascular en países mediterráneos. Sin embargo, ya en 1958 Bronte-Stewart sugería que no sólo era interesante tener en cuenta el consumo del aceite de oliva, sino también el de sus componentes (ej. vitamina E y otros antioxidantes) y otros presentes en diversos alimentos. Así, la vitamina C y el b-caroteno, cuyos niveles aumentan por el consumo de frutas, ensaladas y hortalizas, los folatos y otros componentes como bioflavonoides (ej. quercetina), antocianinas, y el resveratrol y activina contenidos en uvas y vino, presentan distintas actividades biológicas relevantes y potencialmente beneficiosas para la salud.

Aunque los mecanismos de actuación de estos compuestos en el organismo no son totalmente entendidos, diversos tipos de pruebas (epidemiológicas, estudios “in vitro” y en animales) indican que estos componentes pueden jugar un importante papel en la prevención de diversas enfermedades. En varios estudios en humanos para prevenir algunos tipos de cáncer se utilizó b-caroteno en forma de cápsulas, pero no sólo no se obtuvieron efectos beneficiosos sobre la salud sino que incluso se produjeron efectos adversos en el caso de fumadores (personas con mayor riesgo de cáncer de pulmón), aumentando la incidencia de cáncer. En cambio este resultado perjudicial no se produce cuando se consume el b-caroteno contenido en frutas y hortalizas, ya que sigue observándose en todos los estudios el efecto beneficioso de una elevada ingesta de frutas y hortalizas en la dieta sobre la salud.

En conclusión, podemos decir que la relación entre dieta y salud debe ser considerada de forma global, incluyendo alimentos variados, distintas formas de preparación y hábitos alimentarios. Una forma de contribuir al mantenimiento de la salud es aumentar el consumo de frutas y hortalizas, tanto crudas como cocinadas, así como también aumentar el contenido y / o la capacidad de absorber su ciertos componentes (biodisponibilidad) beneficiosos para nuestro organismo, mediante prácticas agrícolas, biotecnológicas y de tecnología alimentaria.